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Un
tubo de vacío consiste en una cápsula de vidrio
de la que se ha extraído el aire, y que lleva en su interior
varios electrodos metálicos. Un tubo sencillo de dos elementos
(diodo) está formado por un cátodo y un ánodo,
este último conectado al terminal positivo de una fuente
de alimentación.
El
cátodo (un pequeño tubo metálico que se calienta
mediante un filamento) libera electrones que migran hacia él
(un cilindro metálico en torno al cátodo, también
llamado placa). Si se aplica una tensión alterna al ánodo,
los electrones sólo fluirán hacia el ánodo
durante el semiciclo positivo; durante el ciclo negativo de la
tensión alterna, el ánodo repele los electrones,
impidiendo que cualquier corriente pase a través del tubo.
Los diodos conectados de tal manera que sólo permiten los
semiciclos positivos de una corriente alterna (CA) se denominan
tubos rectificadores y se emplean en la conversión de corriente
alterna a corriente continua (CC).
Al
insertar una rejilla, formada por un hilo metálico en espiral,
entre el cátodo y el ánodo, y aplicando una tensión
negativa a dicha rejilla, es posible controlar el flujo de electrones.
Si la rejilla es negativa, los repele y sólo una pequeña
fracción de los electrones emitidos por el cátodo
pueden llegar al ánodo. Este tipo de tubo, denominado triodo,
puede utilizarse como amplificador. Las pequeñas variaciones
de la tensión que se producen en la rejilla, como las generadas
por una señal de radio o de sonido, pueden provocar grandes
variaciones en el flujo de electrones desde el cátodo hacia
el ánodo y, en consecuencia, en el sistema de circuitos
conectado al ánodo.
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