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Definición de Sufragio.

Significado, historia y origen de la palabra. Qué significa.

 

Sufragio

Equivalente a voto, forma de expresión de la voluntad individual o corporativa en distintos tipos de asambleas e instrumento de participación en la vida pública.

En la Roma antigua, el sufragio era el voto de los ciudadanos en los comitia, asambleas del pueblo romano convocadas para deliberar sobre leyes y elegir magistrados, así como de los jueces en los tribunales. El ¡us sufftagii significaba el pleno derecho de ciudadanía romana.

Tras la caída del Imperio romano, el concepto de sufragio cambió substancialmente en cuanto instrumento de participación en la vida política. En la Edad Media y Moderna, el voto siguió existiendo en el marco de una sociedad estamental y corporativa: en los parlamentos bajomedievales (dietas, cortes, estados generales, etcétera) que representaban Los tres órdenes de la sociedad, en los concilios eclesiásticos o en el contexto restringido de cada una de las órdenes y cuerpos (órdenes religiosas, gremios, cofradías, etc.).

A partir de la revolución liberal, en la edad contemporánea, el sufragio pasó a ser un instrumento fundamental de representación política y a estar estrechamente relacionado con el derecho de plena ciudadanía. El concepto moderno de sufragio se configuró en conexión con el constitucionalismo, el liberalismo, y los principios de «voluntad general» (Rousseau) y de soberanía nacional, que se plasmaron en la revolución francesa.

La representación se basa en la idea de que el representado es un individuo capaz de actuar y de expresar su voluntad, y que tiene, en consecuencia, el poder de controlar y revocar al representante. La representación política es así de tipo electivo y se centra en la elección de las asambleas legislativas (parlamento) y, en los casos de algunas repúblicas presidencia listas (por ejemplo, Estados Unidos), también del ejecutivo. En el siglo XIX, los Estados liberales se caracterizaron por definiciones restrictivas del sufragio (cuerpo electoral o derecho de voto).

El denominado «sufragio censitario» limitaba el derecho de voto según criterios como la riqueza o el poseer determinados niveles de instrucción, y excluía a las mujeres, ya que se partía de la idea de que sólo algunas categorías de individuos, en particular los hombres más ricos, tenían la capacidad y el derecho de expresar libre y voluntariamente su voto. Las condiciones establecidas para ser representante, es decir, para presentarse como candidato, solían ser aún más restrictivas. Así, sólo una minoría de los habitantes de un Estado tenía plenos derechos políticos. Por otra parte, el sufragio no siempre era directo; el sufragio indirecto significaba que se elegían representantes en fases sucesivas, cada una de ellas con un cuerpo electoral más restringido.

La tendencia a largo plazo fue en la dirección de la extensión del sufragio, así como en la de articular mecanismos que garantizasen que el voto se ejerciese en condiciones de libertad (el carácter secreto del voto es uno de los principales). «Sufragio universal», por tanto, manifiesta el derecho de voto de todos los ciudadanos mayores de edad, sin discriminaciones por riqueza, sexo, raza, religión, etc. La conquista del sufragio universal masculino, por el que lucharon en el siglo XIX corrientes, movimientos y partidos políticos de distinto signo, que tenían en común el objetivo de democratizar el Estado, no se produjo en muchos casos hasta finales del siglo XIX o ya en las primeras décadas del siglo XX. Más ardua aún y bastante más tardía fue la instauración del sufragio universal femenino.

En la segunda mitad del siglo XIX y en las primeras décadas del siglo XX surgieron en Gran Bretaña y en Estados Unidos movimientos de mujeres denominadas «sufragistas» , que en menor grado se extendieron a otros países, y cuyo principal objetivo era la extensión del voto a las mujeres. Las limitaciones al voto de la minoría negra en el sur de Estados Unidos fueron finalmente eliminadas por la Ley de Derechos civiles de 1965.

El sufragio universal acabó por ser uno de los instrumentos principales de las democracias representativas contemporáneas, en las que el voto es personal (no puede hacerse por delegación), libre (el Estado tiene la obligación de impedir cualquier tipo de coacción) y secreto, y su garantía son un rasgo definitorio del Estado de derecho. Se diferencia así de otros sistemas políticos contemporáneos, en Los que pueden existir distintos tipos de sistemas electorales que permiten en alguna medida la expresión de ciertos derechos políticos, pero que no responden a los principios considerados democráticos.