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Revolución
Transformación
profunda que supone una ruptura fundamental con el pasado. Puede
ser repentina o rápida, pero con más frecuencia
es un proceso largo.
Es
un concepto clave en el análisis histórico desde
que la historia se configuró como disciplina especializada
en el siglo XIX. Por entonces, los cambios políticos, sociales
y económicos de finales del siglo XVIII y del XIX (Revolución
francesa, revolución industrial) condujeron a una amplia
reflexión sobre la naturaleza de las mutaciones rápidas
y radicales y sobre el cambio histórico.
En
la historiografía de los siglos XIX y XX, la conceptualización
y explicación de las revoluciones ha sido un tema fundamental,
que ha atraído la atención de los historiadores
en mayor medida que el estudio de la estabilidad. Si bien la reflexión
sobre los cambios políticos y sociales y la idea de cambios
repentinos son muy antiguas, la noción moderna de revolución
se configuró en el siglo xviii, en relación con
la noción de cambio histórico en el sentido de progreso
hacia un futuro abierto.
Además
de ser aplicada a (a ciencia (revolución científica),
revolución fue adquiriendo el significado de cambio profundo
que inaugura un orden político, social, etc., nuevo. Con
anterioridad, el concepto de revolución había sido
relacionado con cambios políticos (por ejemplo, en el Renacimiento),
pero en el sentido de cambios cíclicos, que implicaban
un retorno, un uso parecido al que tenía el término
en astronomía.
La
primera rebelión que fue definida como una revolución
fue la Gloriosa Revolución inglesa de 1688, pero el término
seguía implicando un retorno al orden legal precedente,
al igual que cuando fue utilizado por T. Hobbes para referir la
restauración de los Estuardo en 1660, tras la primera revolución
inglesa (1640-60). En la definición moderna del término,
la Revolución francesa supuso un hito fundamental, que
actuó, además, como un punto de referencia en el
análisis de otras revoluciones.
La
revolución francesa La revolución liberal y burguesa
por excelencia define, por otra parte, el inicio de la Edad Contemporánea.
La noción de revolución, en principio muy asociada
a las rupturas políticas y a las aceleraciones del tiempo
histórico, se fue aplicando gradualmente a otros fenómenos
y a procesos Largos: revolución de los precios (que designa
e1t proceso inflacionista europeo del siglo XVI ocasionado por
la afluencia de metales preciosos de América a España),
revolución neolítica (que abarca milenios), revolución
agrícola, etc.
Más
recientemente se tiende a subrayar los cambios paulatinos y a
largo plazo en los procesos revolucionarios (incluso en fenómenos
que tienen una manifestación política y que pueden
ser más fácilmente circunscritos en el tiempo, como
la propia revolución francesa). Se tiende así también
a poner de relieve la complejidad de los procesos históricos,
las persistencias y las transformaciones.
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