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Revolución industrial
Así
como la revolución neolítica significó el
paso de una economía depredadora a una productiva y marcó
las condiciones de vida durante milenios, la revolución
industrial significó el paso a la producción masiva
de bienes y al crecimiento continuo, y marcó las condiciones
de vida de los dos últimos siglos.
El
concepto se aplica especialmente al periodo que va de 1760/1780
hasta las primeras décadas del siglo XIX, periodo en el
que las transformaciones económicas en Inglaterra adquirieron
un ritmo más rápido y experimentaron un salto cualitativo.
Industrialización indica los procesos seguidos por otros
países.
La
revolución industrial se caracterizó por el aumento
sustancial de la capacidad productiva gracias a la introducción
de innovaciones técnicas cada vez más eficientes,
la aplicación de maquinaria a la producción industrial,
la conversión de las actividades industriales en el sector
más dinámico de la economía, el paso de una
economía orgánica con baja utilización de
la energía (dependiente de la madera y, en general, de
los recursos naturales orgánicos) a una economía
de base mineral con alta intensidad de la energía y de
crecimiento acelerada, la especialización productiva (división
del trabajo), cambios en las pautas de crecimiento demográfico
y en la urbanización.
La
revolución industrial es un fenómeno muy complejo,
en el que convergieron toda una serie de cambios, que no la explican
por sí sotos, pero que actuaron de forma acumulada. Los
factores más importantes fueron: el auge del comercio colonial
británico, que proporcionó una fuente de capital
y estimuló la demanda exterior; la revolución agrícola,
que produjo un excedente de alimentos que abasteció a una
población en aumento, amplió el mercado para los
productos industriales, suministró una fuente de capital
y liberó mano de obra para la industria y el comercio;
el propio crecimiento de la población; el progreso tecnológico,
en particular el recurso del carbón mineral y la introducción
de maquinaria.
La
interpretación de la revolución industrial como
un proceso acelerado se ha visto matizada (al igual que ocurre
con otras revoluciones). Además de considerar los cambios
paulatinos muy a largo plazo (en la agricultura, industria, comercio
y técnica), se ha hecho hincapié en la menor importancia
relativa que tuvieron las innovaciones en las primeras fases de
La revolución industrial. Frente a la idea habitual, que
subraya la importancia de los motores a vapor, de la mecanización
y de la fábrica, se ha destacado la relevancia que tuvieron
la industria a domicilio, los talleres artesanales, el uso de
herramientas y de pequeñas máquinas, y la destreza
en el trabajo.
El
desarrollo de la fábrica y del proletariado fabril dentro
de las clases trabajadoras así como La introducción
de una disciplina en el trabajo fueron procesos también
lentos. Por otra parte, la industrialización de otros países
europeos tras la revolución industrial inglesa supone que
en estos países también se habían producido
cambios que favorecieron la recepción de las innovaciones.
Se han identificado sucesivas revoluciones industriales, aun cuando
no siempre se acepta ese uso del concepto.
La
segunda revolución industrial, entre 1890 y el inicio de
la I Guerra Mundial, se caracteriza por la creación de
grandes empresas en las que la propiedad está separada
de la gestión y por el desarrollo de la industria química,
de la automovilística y de la electricidad. La tercera
revolución industrial se asocia a la aparición de
la electrónica, la informática y las telecomunicaciones.
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