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Nación
El
término nación, en el sentido en que hoy lo utilizamos
habitualmente, surgió en el discurso político de
la Revolución francesa, pero el concepto se iría
desarrollando a lo largo del siglo XIX.
En
siglos anteriores, durante toda la Edad Media, nación tenía
un sentido derivado de su etimología latina, nascere, que
recoge san Isidoro de Sevilla y definía a un grupo de personas
que tienen o a quienes se atribuye un mismo origen.
En
el contexto medieval, el término tenía pues el sentido
de comunidad étnica cuya Lengua y costumbres la distinguen
de la población autóctona entre la que se ha establecido,
ya sea de manera provisional o permanente.
EL
concepto moderno de nación fue objeto de numerosas definiciones
a lo largo del siglo XIX, época en la que se asiste al
surgimiento de los nacionalismos en diferentes países europeos.
Inspirado principalmente en el discurso de Herder y de Fichte,
el concepto de nación alemana se define como una unidad
lingüístico-cultural y étnica, mientras que
el concepto de nación francesa define a ésta sobre
todo como un territorio, con límites precisos, cuya unidad
no se basa en la lengua ni en la raza, sino en el consentimiento,
«la voluntad de vivir juntos», como decía el
escritor francés Ernest Renan.
Estos
dos conceptos de nación, muy diferentes, servirían
de base a los desarrollados, con diversos matices, en otros países
europeos y no europeos. El primero, llevado a sus extremos, tendría
en el siglo XX derivaciones peligrosas en países como Alemania,
en donde el nazismo recurrió a la Lengua y a la raza para
el expansionismo del Tercer Reich en los países de Europa
oriental con importantes minorías de lengua alemana, y
para el exterminio de grupos étnicos, considerados no germánicos,
como los judíos y los gitanos.
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