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Imperialismo
En
sentido genérico, tendencia expansionista de un Estado
o de un pueblo con el objetivo de dominar, directa o indirectamente,
otros Estados o pueblos. En sentido restringido, se aplica al
expansionismo occidental en el período 1850-1950, especialmente
en la denominada, ya por sus contemporáneos, «edad
del imperialismo» (1880-1914): reparto planificado del mundo
entre las grandes potencias capitalistas, modalidades del proceso,
implicaciones sociales, económicas, diplomáticas,
etc.
El
término, mucho más tardío que emperador e
imperio, fue acuñado en Francia en la década de
1840 en referencia a la política imperial de Napoleón
I, y utilizado posteriormente con significados distintos: para
designar lo que se consideraba «despotismo» de Napoleón
III o para valorar positiva o negativamente la relación
entre Gran Bretaña y sus colonias, entre otros usos. Hacia
la década de 1880 comenzó a utilizarse en relación
con el fenómeno expansionista de la época, la competencia
entre potencias occidentales por asegurarse colonias y zonas de
influencia en el mundo.
Desde
la década de los sesenta, se difundió el uso del
término para designar de manera genérica la política
de expansionismo hegemónico, económico y militar
de las grandes potencias occidentales hacia los países
del Tercer Mundo, en contraposición a antiimperialismo,
que indica de forma también genérica la política
e ideología de los movimientos de liberación nacional,
revolucionarios, o de organizaciones occidentales de izquierda.
Las nociones de imperialismo-anflimperialismo han adquirido también
una dimensión cultural, especialmente relevante en el contexto
de los movimientos y regímenes integristas islámicos.
Imperialismo es, pues, un término reciente. Por ello algunos
autores consideran anacrónico su uso para épocas
anteriores al siglo XIX; en cambio, otros lo justifican debido
a la larga tradición de la noción de imperio en
Europa, o por defender un uso genérico del concepto.
En
cuanto fenómeno central de los siglos XIX y XX, ha sido
objeto de interpretaciones variadas. La cuestión se complica
por Las distintas acepciones que ha ido adquiriendo el término,
así como por las fuertes connotaciones políticas
e ideológicas que éste tiene (al igual que antiimperialismo),
y que han incidido en el uso académico. En las dos primeras
décadas del siglo xx se elaboraron las principales teorías,
coetáneas al fenómeno, que, si bien se consideran
superadas en la argumentación específica, establecieron
el marco general de referencia para la historiografía posterior.
Se pueden distinguir tres Líneas explicativas, que en sus
primeras formulaciones destacaban factores políticos, económicos
o sociológicos como la causa principal del expansionismo
europeo. Las interpretaciones políticas, basadas en nociones
de darwinismo social o en las teorías del nacionalismo
de los años veinte y treinta, subrayaban el deseo «natural»
de los gobiernos fuertes de incrementar su poder a expensas de
las naciones débiles.
El
imperialismo era visto en términos positivos, como muestra
del vigor de una nación. Los factores políticos
rivalidad entre potencias, alianzas y negociaciones diplomáticas,
motivaciones de prestigio, necesidades estratégico militares,
ideologías nacionalistas y racistas, repercusiones en la
política interna, etcétera han sido posteriormente
desarrollados, especialmente por la historiografía no marxista.
Las interpretaciones económicas parten del análisis
del paso de una fase de capitalismo librecambista a otra de proteccionismo,
monopolios y capital financiero.
El
enfoque económico ha sido esencial en la definición
del imperialismo contemporáneo frente a expansiones coloniales
anteriores, debido al nexo establecido entre desarrollo del capitalismo
y dominio de las áreas periféricas. la obra fundamental
es la del liberal Hobson (El imperialismo, 1902), que conectó
la política imperialista británica con la inversión
de capitales privados en nuevos mercados. Su análisis fue
adaptado al materialismo histórico-marxista por Hilferding,
que consideró el imperialismo como una fase necesaria del
desarrollo del capitalismo y elaboró la teoría de
un pacto entre sistema industrial y sistema bancarío apoyado
por los gobiernos. Lenin introdujo la noción de que la
I Guerra Mundial culminaba la fase de rivalidad imperialista que
llevaría a la crisis final del capitalismo y especialmente
la idea de que la expansión internacional del capital monopolista
permitía un dominio político y económico
que no precisaba de un control territorial directo.
La
historiografía marxista posterior (por ejemplo, Dobb, Baran
y Sweezy) analiza a nivel mundial la relación causal entre
el desarrollo de los países avanzados y el subdesarrollo
de los países pobres. Los factores económicos son
siempre tenidos en cuenta por las distintas historiografías.
Se ha destacado que, más aún que la necesidad de
nuevas áreas de inversión y de mercados, fue esencial
la voluntad de controlar las fuentes de materias primas. La interpretación
sociológica clásica es la de Schumpeter, que consideró
un factor decisivo el comportamiento socialmente atávico
de los grupos dirigentes europeos, propio de una sociedad militarista
del Antiguo Régimen. Esta teoría, desacreditada,
subrayó sin embargo la importancia de factores sociopsicológicos,
tenidos en cuenta por la sociología posterior, que ha indagado
en las motivaciones y comportamientos de grupos sociales específicos
interesados en la expansión imperialista. La historiografía
de las últimas décadas tiende a adoptar un enfoque
ecléctico, que conjuga argumentos políticos, sociales,
económicos, etc.
Se
ha desarrollado la noción de un «imperialismo informal»,
que designa la extensión del poder de Gran Bretaña
y otras potencias coloniales sin necesidad de recurrir al dominio
directo (por ejemplo, en China). A diferencia de las teorías
clásicas, de carácter eurocéntrico, o al
menos centradas en las metrópolis, otra línea de
investigación se ha dirigido a analizar el imperialismo
en las áreas colonizadas.
Por
otra parte, se han puesto objeciones al uso historiográfico
de( concepto, por considerarlo excesivamente impreciso o ideológico.
El concepto de «neocotonialismo» (similar al menos
frecuente de «neoimperialismo») designa el dominio
indirecto, especialmente económico, aunque también
en términos de injerencia política, mantenido por
las potencias occidentales hacia los países del tercer
mundo tras la descolonización. Indica las relaciones de
dependencia de las ex colonias con respecto a las antiguas metrópolis,
lo que ha llevado a estudiar el papel y los intereses de las élites
dirigentes autóctonas, así como un imperialismo
económico en sentido amplio, que ha sido relacionado con
la internacionatización del capitalismo. También
ha sido puesta de relieve la diversidad de las formas neocoloniales.
El
caso de Estados Unidos, caracterizado por la creación de
una hegemonía económica y militar (especialmente
en Iberoamérica) más que por el dominio territorial
directo, se interpreta en ocasiones con arreglo a las categorías
genéricas de imperialismo o de neocolonialismo. No obstante,
la tendencia preponderante es la de utilizar el término
imperialismo en referencia al periodo intervencionista de finales
del siglo XIX y principios del XX, y, para la segunda mitad del
siglo XX, usar el concepto de «hegemonía americana»,
que pretende evitar el debate ideológico y político
en torno a un «imperio» estadounidense, y que designa
en sentido amplio el papel de liderazgo de Estados Unidos en la
economía internacional y en la alianza occidental en cuanto
principal potencia en el sistema bipolar de la postguerra mundial.
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