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Fascismo
Doctrina,
movimiento y régimen político totalitario, nacionalista,
antisocialista, antiliberal, radical en su discurso y estilo,
surgido en Italia tras la I Guerra Mundial por obra de Mussolini
y sus seguidores, que tuvo gran influencia en el nacionalsocialismo
alemán y en otros movimientos y regímenes europeos
entre 1919 y 1945 (si bien muchos de ellos no suelen ser considerados
totalitarios o fascistas, sino regímenes autoritarios de
corte tradicional).

Es
también un concepto utilizado para el análisis político,
social y comparativo de los autoritarismos y totalitarismos no
socialistas del siglo XX. El uso del concepto de fascismo genérico
en cuanto fenómeno internacional se suele circunscribir
a la Europa del periodo de Entreguerras; algunos autores, sin
embargo, lo utilizan de manera amplia y menos específica,
para referirse a movimientos y regímenes en Asia, Iberoamérica
o Africa y a periodos posteriores.
El
fascismo italiano se caracteriza por ser un movimiento de masas
organizado en un tipo nuevo de partido, el partido milicia, que
persigue la conquista del monopolio del poder político
mediante el recurso al terror, a las tácticas parlamentarias
y al compromiso con los grupos dirigentes; por tener una ideología
pragmática y antiideológica (antiindividualista,
antidemocrática, antimarxista, anticapitalista, populista)
expresada de manera más estética que teórica
a través de mitos, símbolos y ritos, y una concepción
militarizada y totalitaria de la política como modelo de
vida, que pretende la integración del individuo y las masas
en la unidad orgánica de la nación y su subordinación
y entrega absoluta al Estado; por crear un régimen de partido
único, de naturaleza policial, un sistema político
jerárquico en el que el jefe (duce) está investido
de una sacralidad carismática, una organización
corporativa de la economía con amplia intervención
estatal que mantiene, sin embargo, la propiedad privada, una política
exterior imperialista. Desde sus inicios, tanto el fascismo italiano
como el fascismo genérico han sido objeto de numerosas
interpretaciones.
Entre
ellas cabe destacar la consideración del fascismo como
un producto de la crisis moral y los conflictos de la postguerra
(«enfermedad moral» según la influyente tesis
de B. Croce), por lo que sería un paréntesis en
la historia europea. También influyente ha sido la interpretación
del fascismo como expresión de la movilización de
la pequeña burguesía, o de las clases medias, contra
la burguesía industrial y financiera, por un lado, y contra
el proletariado, por otro, lo que explicaría su carácter
revolucionado y reaccionario a un tiempo. la historiografía
marxista niega el componente revolucionario del fascismo (subrayado,
al menos parcialmente, por la historiografía Liberal),
hace hincapié en su carácter reaccionario y lo interpreta
como un producto de la crisis del capitalismo: la expresión
de los intereses de La gran burguesía capitalista agrada,
industrial y financiera y de las clases dirigentes, y el medio
utilizado para defender esos intereses, derrotar a las clases
trabajadoras y reforzar su dominio en la sociedad.
La
introducción de los conceptos sociológicos de totalitarismo
y de modernización en medios historiográficos no
marxistas aportó otras claves interpretativas. La noción
de totalitarismo subraya la modernidad y originalidad de los nuevos
regímenes europeos autoritarios, el papel de las masas,
la técnica y los medios de comunicación.
El
fascismo ha sido considerado como la respuesta de algunas sociedades
al proceso de modernización (entendido éste como
democratización, urbanización, industrialización
y secularización): el italiano sería un caso de
modernización autoritaria (lo que implica la compatibilidad
entre dictadura y desarrollo), en tanto que & alemán
sería un caso de resistencia a la modernización.
Otra aportación de las ciencias sociales procede de la
psicología.
Este
enfoque incide en la difícil integración de las
clases medías en la sociedad de masas, en el miedo a la
Libertad y a los desafíos de la modernidad por parte de
grupos sociales que han perdido el sentido de pertenencia y de
identidad de las sociedades tradicionales, y que se muestran dispuestos
a aceptar sistemas políticos totalitarios y a seguir a
Líderes carismáticos.
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