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Estado
El
Estado, tal como se entiende en la actualidad, como forma de poder
público abstracto e impersonal, separado tanto del gobernante
como de los gobernados, que constituye un entidad dotada de personalidad
jurídica, formada por un pueblo establecido en un territorio
delimitado bajo la autoridad de un gobierno que ejerce la soberanía,
tiene unos orígenes conceptuales relativamente recientes
(siglo XVI), y, según las interpretaciones más restrictivas,
no es anterior a la Edad Contemporánea. El Estado en sentido
moderno constituye el punto de referencia para los historiadores
de la Edad Media en adelante, pero el uso del concepto de Estado
es, sin embargo, mucho más amplio.
El
término se utiliza habitualmente para el mundo antiguo
(Oriente Próximo, Egipto, Grecia, Roma, etc.) y la América
precolombina, pero también para el final de la Prehistoria,
y tanto la noción de Estado como la cuestión de
sus orígenes en Mesopotamia y en Mesoamérica son
objeto de intensos debates. Hay autores que entienden el Estado
en un sentido extremadamente amplio y lo identifican con la existencia
de una división social.

Otras
definiciones son más restringidas. Según la teoría
del evolucionismo cultural contemporáneo, que establece
una gradación de las formas de sociedad, los Estados constituyen
el cuarto y último nivel de desarrollo sociocultural. Se
caracterizan por una economía de intercambio con mercados,
desarrollo de tecnologías metalúrgicas y de la manufactura,
organización social compleja y con diferencias acusadas,
que puede incluir la esclavitud, explotaciones agrícolas
con construcciones hidráulicas y producción de gran
cantidad de excedentes, tributos, asentamientos urbanos, desarrollo
de una burocracia, de ejércitos, de los conocimientos astronómicos,
del arte, de la escritura, etc., organización religiosa
de tipo eclesial jerarquizada. La interpretación marxista
subraya los rasgos indicados, pero sobre todo considera definitoria
la aparición de relaciones tributadas, en las que hay una
apropiación del excedente de la producción por parte
de determinadas clases sociales. Los historiadores medievalistas
tienden a evitar el uso del concepto, debido a la precariedad
en la Edad Media de los aparatos administrativos, a la confusión
entre lo público y lo privado, a la concepción patrimonial
de la autoridad, etc.
No
obstante, sí se considera el concepto en cuanto referencia
para analizar el periodo de los siglos XIV y XV, o incluso se
utiliza para definir la peculiaridad de esos siglos. El uso de
expresiones como «Estado del Renacimiento», o «Estado
de los siglos XIV y x^ indica las particularidades de unas formaciones
estatales en las que, si bien aparecen algunas de las características
del Estado Moderno, como el reforzamiento del poder regio, el
crecimiento de la burocracia, de la corte, de los ejércitos
o de la diplomacia, sus rasgos más peculiares son las Limitaciones
al poder monárquico por los parlamentos bajomedievales,
la multiplicidad de jurisdicciones señoriales y de feudos,
la autonomía de las comunidades urbanas y rurales, el predominio
de los privilegios, libertades y franquicias particulares, etc.
Se trata, por tanto, de una sociedad fragmentada, en la que apenas
se manifiesta el poder del Estado.
La
génesis del concepto de Estado fue un proceso lento. Con
la recuperación del derecho romano, los juristas y glosadores
bajomedievales utilizaron el término latino status en contextos
políticos, pero para referirse al Estado del gobernante
(status principis) o a la condición del reino (status regni).
Aun cuando algunos humanistas italianos, en particular Maquiavelo,
comenzaron a distinguir entre el gobernante que quiere mantener
su Estado y la idea más abstracta de Estado como un aparato
político autónomo que el gobernante tiene obligación
de mantener, el mismo Maquiavelo utilizó en general la
noción de Estado en el sentido tradicional: que el príncipe
mantenga su Estado quiere decir que mantiene su posición
y sus poderes. Fueron los juristas franceses del siglo XVI los
que comenzaron a definir la noción de Estado en sentido
moderno.
El
principal teórico es sin duda Jean Bodin, que distinguió
entre Estado y gobierno, consideró el Estado como un ámbito
de poder distinto tanto del gobernante como del conjunto de los
súbditos, y atribuyó al Estado la soberanía,
teorizada como el poder supremo y absoluto dentro del territorio
del Estado. No obstante, el nuevo concepto de Estado tardó
en difundirse y consolidarse, así como siguió planteando
confusiones la distinción entre los poderes del Estado
y los del gobernante. La noción de Estado Moderno (siglos
XVI-XVIII) ha sido muy debatida. En las últimas décadas
ha sido incluso cuestionada la conveniencia de aplicar el concepto
de Estado a esos siglos. Para algunos historiadores (R. Mousnier,
M. Espanha o B. Clavero, entre otros) el Estado como poder impersonal,
hegemónico y central¡zado, que no admite poderes
intermediados en el territorio en el que ejerce su soberanía,
no es anterior a la Revolución francesa y a la Edad Contemporánea.
Se
considera que hablar de Estado para la Edad Moderna conlleva un
riesgo de anacronismo y de presentismo: la proyección hacia
el pasado de ideas y realidades posteriores, o la visión
de la evolución histórica según una idea
de progreso unilineal. Otros autores, sin embargo, consideran
la especificidad de un Estado Moderno, distinto del contemporáneo,
que a veces es definido como primitivo Estado Moderno, para subrayar
las diferencias. En cualquier caso, la idea teórica del
Estado impersonal, sin poderes intermedios, etc., es difícilmente
aplicable incluso a la Edad Contemporánea. Los orígenes
del Estado Moderno se suelen situar en los siglos XIV y XV, pero
el momento clave de su formación va de mediados del siglo
XVI a mediados del XVII, V qiró en torno a dos cuestiones:
la soberanía respecto a poderes exteriores y la pretensión
de monopolizar el poder en el interior frente a los poderes intermedios.
En
lo relativo al exterior, la soberanía pretendía
afirmarse frente a los poderes universalistas del imperio y el
papado y frente a otros Estados, mediante el desarrollo de una
diplomacia y la configuración de instituciones e identidades
nacionales, en especial el ejército y el patriotismo. En
el interior se intentó someter a todos los súbditos
a la autoridad del poder central, un proceso que conllevó
la supresión de las libertades de las ciudades, el disciplinamiento
o domesticación de la nobleza y el control de la Iglesia
nacional. los principales instrumentos fueron la uniformización
del derecho, la imposición de una fiscal¡dad permanente,
el desarrollo de una burocracia. No se puede hablar, sin embargo,
de un sistema burocrático racional característico
de los Estados contemporáneos , ya que no había
una jerarquía clara ni competencias delimitadas, la administración
estaba integrada en la corte y no había una noción
clara de servicio al Estado.
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