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Ejecutivo
Uno
de los tres elementos clásicos, junto al Legislativo y
el judicial, que resulta de la división de poderes preconizada
por Locke y Montesquieu para reemplazar el absolutismo por una
organización política liberal. En principio, como
su nombre indica, su función debía limitarse a la
implementación de las leyes y decisiones emanadas del parlamento
representativo pero, debido al desarrollo democrático,
constituye hoy el eje principal de la elaboración de las
políticas.
Aunque
sigue sin corresponderle la toma formal de las resoluciones más
importantes, el componente político del ejecutivo (el gobierno)
impulsa la mayor parte de las iniciativas públicas; mientras
que el componente organizativo del mismo (la administración)
encarna materialmente el muy extendido protagonismo de los poderes
públicos en la vida cotidiana.

Hoy,
la justificación de la separación de funciones en
el seno de la autoridad reside en la creciente complejidad organizativa
del Estado, que exige una multiplicación orgánica.
El ejecutivo sería el poder cuyo papel se ha expandido
más y, así, está constituido por numerosas
agencias que prestan servicios regulares a la sociedad, como la
policía, la seguridad social, la educación pública
o el ejército.
Obviamente,
en el seno del ejecutivo, ha de resaltarse la importancia de la
burocracia que, aunque subordinada a los cargos políticos,
cuenta con la ventaja de la permanencia frente a las periódicas
variaciones en los puestos electivos. No obstante, también
es cierto que a veces se reserva la denominación de ejecutivo
para designar al gobierno que, pese a ser sólo su pequeña
cima, concentra un extraordinario poder y, en democracia, una
considerable legitimación que le permite dirigir de hecho
el proceso político. La configuración actual del
poder ejecutivo responde a una serie de desarrollos históricos
que han ido robusteciéndole en competencias y apoyo popular.
Por
lo que respecta a este último, la evolución en los
modelos parlamentarios Llevó de un inicial ejecutivo unitario,
cuando el rey controlaba en solitario la formación del
mismo, a un sistema dualista, donde el jefe del Estado y el legislativo
designaban conjuntamente al gobierno. Posteriormente, Los parlamentos
consiguieron la exclusiva en el nombramiento del órgano
colegiado de gobierno o, como suele ser más normal, del
primer ministro, que selecciona a continuación al resto
de los miembros. De esta forma, se ha llegado a un vínculo
bastante directo entre elección popular y formación
del ejecutivo e, incluso, aquélla puede ser directa, como
es nota característica de los presidencialismos.
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