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El dióxido
de carbono es un asfixiante simple que actúa básicamente
por desplazamiento del oxígeno y que a elevadas concentraciones
(>30.000 ppm) puede causar dolor de cabeza, mareos, somnolencia
y problemas respiratorios, dependiendo de la concentración
y de la duración de la exposición.
Es
un componente del aire exterior en el que se encuentra habitualmente
a niveles entre 300 y 400 ppm, pudiendo alcanzar en zonas urbanas
valores de hasta 550 ppm. El valor límite de exposición
profesional (LEP-VLA) del INSHT para exposiciones diarias de 8
horas es de 5.000 ppm con un valor límite para exposiciones
cortas de 15 minutos de 15.000 ppm.
Estos
valores son difíciles de encontrar en ambientes interiores
no in dustriales como son oficinas, escuelas y servicios en general.
En la práctica, en estos recintos se encuentran valores
de 2.000 y hasta 3.000 ppm. Si se superan estos niveles puede
deberse a una combustión incontrolada, en cuyo caso el
riesgo para la salud puede no ser debido al dióxido de
carbono sino a la presencia de otros subproductos de la combustión,
principalmente el monóxido de carbono (CO), cuyo límite
de exposición es muy inferior (25 ppm).
El dióxido
de carbono como indicador de olor
La emisión
de dióxido de carbono en la respiración humana está
ligada a la de otros productos procedentes del metabolismo humano
(agua, aerosoles biológicos, partículas, alcoholes,
aldehídos, etc.) llamados bioefluentes y responsables de
la carga de olor por ocupación humana de un local.
Por ello, el nivel
de concentración de dióxido de carbono en un ambiente
interior puede tomarse, si no hay otras fuentes contaminantes,
como indicador de la carga de olor existente debida a sus ocupantes.
Para establecer valores de referencia se han realizado estudios
con personas a distintas tasas de ventilación y aunque
existen datos que sugieren que a 600 ppm los individuos más
sensibles ya manifiestan quejas y molestias, en la práctica
se acepta que no debe superarse una concentración de 1.000
ppm de dióxido de carbono con el fin de evitar problemas
de olor y para que el aire sea considerado aceptable para aproximadamente
el 80% de los visitantes del local.
Los ocupantes adaptados,
es decir los que llevan un cierto tiempo en el local, pueden no
notar molestias, en términos de olor corporal, hasta que
la concentración de dióxido de carbono supera 2.000
ppm. Hay que tener en cuenta, sin embargo, que el hecho de que
no se superen en un local estos niveles de dióxido de carbono
no garantiza la ausencia de compuestos de origen distinto a los
ocupantes (materiales, productos de consumo, actividades, etc.)
que puedan ser molestos o nocivos para la salud.
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