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Anarquismo
Del
griego, sin poder (anarquía), o sin dominio (acracia).
Si bien la aspiración a la libertad absoluta tuvo diversas
manifestaciones desde la Antigüedad, el término designa
más específicamente un movimiento intelectual, político
y social de la Edad Contemporánea, con raíces en
la Ilustración y la Revolución francesa, que propugna
la liberación del hombre de cualquier tipo de autoridad
política, ideológica, religiosa, económica,
social o jurídica, y persigue una sociedad en la que no
existan ni el poder ni la autoridad.
Este
ideal igualitario y antiautoritario constituye el marco de referencia
general del anarquismo, pero desde las primeras formulaciones
de los precursores (W. Godwin, Encuesta acerca de la justicia
social y de su influencia sobre la virtud y la felicidad generales,
1793; P.-J. Proudhon, ;Qué es la propiedad?, 1840), las
doctrinas y movimientos anarquistas han sido muy variados. El
anarquismo se sitúa entre el liberalismo y el socialismo.
El anarquismo más radicalmente individualista, que propugna
la máxima ampliación de la libertad individual y
rechaza cualquier tipo de restricción, fue una corriente
minoritaria (por ejemplo, M. Stirner, El individuo y su propiedad,
1845).
En
cuanto movimiento político, el anarquismo se desarrolló
en la segunda mitad del siglo XIX y, dentro de las corrientes
socialistas que rechazaban el sistema capitalista, se caracterizó
por su rechazo radical del Estado, por dirigirse y recoger las
aspiraciones de sectores heterogéneos de las masas desfavorecidas,
tanto urbanas como rurales, incluidos los grupos más marginales,
por su exaltación de la libertad del individuo y de la
colectividad, y por sus continuos enfrentamientos con el socialismo
marxista. Aun cuando asumían la vinculación del
individuo con la sociedad, los anarquistas consideraban que los
únicos Límites a la libertad eran los impuestos
por la naturaleza y por una voluntad colectiva que era aceptada
por un acto libre de voluntad individual y no por imposición.
El
anarquismo tuvo gran relevancia en el movimiento obrero. Las ideas
de Proudhon rechazo de la participación obrera en la Lucha
política y promoción de una sociedad de trabajadores
Libres construida a partir de un asociacionismo y mutualismo espontáneo
y pacífico tuvieron mucha difusión entre los obreros
franceses y las organizaciones que fundaron la primera Internacional
obrera (Asociación Internacional de Trabajadores, 18ó4).
Posteriormente se desarrollaron el anarcocolectivismo (M. Bakunin)
y el anarcocomunismo o comunismo libertario (P. Kropotkin, E.
Malatesta).
El
anarquismo colectivista proponía el comunitarismo del trabajo
y de la producción, pero dejaba que cada individuo dispusiera
de los resultados del trabajo personal (que cada uno reciba según
su trabajo). El anarquismo comunista consideraba que para la realización
de la libertad social, el individuo debía sacrificar una
parte de su libertad personal, la económica; la libertad
individual y la colectiva se alcanzarían con una organización
comunitaria de los medios de producción y del trabajo,
y con un reparto comunitario de los productos (a cada uno según
sus necesidades).
En
conjunto, los anarquistas se opusieron frontalmente a los socialistas
marxistas, a los que consideraban autoritarios. Los anarquistas
se dirigían a todos los oprimidos, y no específicamente
a la clase obrera y al proletariado industrial, rechazaban la
organización y la acción políticas, no consideraban
la revolución como el resultado de un proceso organizativo,
sino como el producto de una Lucha constante y espontánea,
y se oponían a todo tipo de Estado, incluidos la «dictadura
del proletariado» y el Estado obrero defendidos por Marx.
Desde
la década de 1870 surgió una corriente terrorista,
partidaria de la «propaganda por la acción»,
que se mantuvo en grupos minoritarios en las primeras décadas
del siglo XX. EL anarquismo, en sus distintas vertientes, se difundió
por toda Europa, especialmente en España, Suiza, Italia,
Bélgica, Holanda, Rusia, y por América, sobre todo
en México, Uruguay y Argentina.
Sin
embargo, en el movimiento obrero internacional se fue imponiendo
el socialismo de inspiración marxista. Desde principios
del siglo xx, el anarquismo más significativo fue el vinculado
al sindicalismo revolucionario que conjugaba la defensa organizada
de la clase trabajadora con la reivindicación de una sociedad
sin Estado atrajo especialmente a campesinos, obreros poco cualificados,
jornaleros e inmigrantes, y tuvo particular importancia en España,
Estados Unidos y Francia.
En
Rusia y Ucrania, donde el anarquismo estaba muy arraigado y desempeñó
un destacado papel en la revolución de 1917, fue duramente
reprimido por los gobiernos bolcheviques. En España sólo
desapareció de La escena política con la derrota
republicana en 1939. Si bien el anarquismo apenas tuvo relevancia
en el sindicalismo posterior a la Segunda Guerra Mundial, los
ideales libertarios se manifestaron en distintos movimientos contestatarios
y alternativos, especialmente en los años sesenta y setenta,
entre ellos el de mayo del 68.
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