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basa en el estudio de toda la información económica-financiera
disponible sobre la empresa (balance, cuenta de resultados, ratios
financieros, etc.), así como de la información del
sector, de la coyuntura macroeconómica, etc.
En definitiva, se estudia cualquier información que pueda
servir para tratar de predecir el comportamiento futuro de la
empresa.
Con este análisis se determinan los puntos fuertes y
débiles de la empresa, por ejemplo:
Solidez financiera (peso del patrimonio neto
dentro del pasivo).
Liquidez (si la empresa dispone de los fondos
suficientes con los que ir atendiendo sus pagos).
Gastos (viendo si la empresa es cada vez más
eficiente y viene reduciendo sus gastos o si, por el contrario,
sus gastos están descontrolados).
Rentabilidad (sobre volumen de venta, sobre
fondos propios, etc.)
El análisis fundamental estudia cómo viene evolucionando
la empresa en estos y otros conceptos, y cómo compara con
la media del sector.
A partir de ahí, estima el comportamiento futuro de los
beneficios, lo que determinará la posible evolución
de la acción.
Si los beneficios van a crecer, incluso más que la media
del sector, lo lógico es que la acción se vaya revalorizando,
mientras que si los beneficios están estancados o disminuyen,
la cotización irá cayendo.
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