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Absolutismo
Doctrina política y
forma de gobierno que tiene como principal objetivo el control
total del Estado y la ausencia de poderes alternativos al que
reclama para sí el derecho ¡limitado a gobernar.
Su principal manifestación histórica, el Absolutismo
monárquico, se caracterizó por la aspiración
del rey a personificar la soberanía. Como consecuencia,
el Estado, que ya en el siglo xv había comenzado a dotarse
de una organización relativamente moderna, quedaba gobernado
de forma centralizada y sin constreñímientos legales,
consuetudinarios o feudales.
Todos los reinos europeos, salvo
Gran Bretaña y los Países Bajos, sufrieron experiencias
absolutistas que evolucionaron en el siglo XVIII hacia formas
más ilustradas pero aún despóticas. Contra
las instituciones sociales y políticas de ese Ancien Régime,
se desencadenaron las subsiguientes revoluciones liberales que
introdujeron límites al poder a través de las constituciones.
A diferencia del totalitarismo, el poder no se ejerce en el absolutismo
de manera arbitrada o injustificada sino que está fundamentado
teóricamente por razones teológicas o racionalistas.
La segunda de estas orientaciones es la plasmada en los escritos
de Maquiavelo y, sobre todo, en el pensamiento de Hobbes, quien
sostenía que los hombres, agresivos y ambiciosos por naturaleza,
se encuentran siempre en situación de lucha y de competencia.
Como estas antisociales inclinaciones
llevan a la destrucción, los individuos son también
capaces de aplicar racionalmente su egoísmo para asegurar
la supervivencia y evitar que la vida sea «solitaria, pobre,
sucia, brutal y corta». Lo hacen por medio de un pacto ficticio
en el que renuncian a tomar la justicia por su mano y acuerdan
someterse a un soberano, al que invisten con los máximos
poderes, que puede así aplicar las sanciones necesarias
para el mantenimiento del orden y la paz.
Por su parte, la concepción
teológica del absolutismo supone la procedencia divina
de la autoridad civil, por lo que se considera sacrílego
cualquier tipo de rebelión en contra de la corona. La única
responsabilidad exigible a ésta es la que proviene de Dios
y nadie de entre sus súbditos estaría capacitado
para someterla a juicio.
Entre los defensores de esta
visión divina de las atribuciones reales, tradicionalmente
asociada a los monarcas católicos de la Europa del barroco,
se encuentran los protestantes Lutero y Calvino, que también
propugnaron la obediencia pasiva.
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